miércoles, 22 de enero de 2014

“LA HALLA”

                               

Por: Julio Schiappa Pietra
Un error de ortografía de un líder político trujillano, que dice  nunca lee, sólo en el Perú puede ser rector de Universidad y Alcalde de una gran capital, le ha dado un sentido nuevo al veredicto de La Haya. Nos permite hallar un significado, presente y pedestre, ante el engominado discurso de la diplomacia. Ese sentido de “hallarse” que requiere la historia pasada para volverse historia del futuro. Ha creado un nuevo peruanismo : “La Halla” , con lo que su autor, impertérrito ante el diccionario, resultará algún día glosado, inmortal él, en el Boletín de la Real Academia Española de la Lengua.
HISTORIA PASADA QUE NO SE VÁ
Después de la escenificación, soberbia e imperial, del Inti Raymi, no hay mas bella expresión teatral que la de la Batalla de Marcavalle y Pucará en Junín. Treinta Mil personas acuden desde Huancayo  y todos los pueblos vecinos, a ver actuar a jóvenes descendientes de los guerrilleros de Cáceres y a soldados del Ejército Peruano que se empeñan durante 3 horas en dura batalla.
Los jóvenes de la zona no aceptan ser chilenos, todos son caceristas. Obligados por sus jefes militares, los conscriptos del ejército peruano, a regañadientes, se ponen el uniforme de chilenos para la épica batalla. Fui testigo, como funcionario internacional vinculado al Gobierno Regional Junín, como un día, pasados de copas, los caceristas molieron a palos a 7 jóvenes conscriptos que tuvimos que hospitalizar. Tal era la pasión de los actores.
Cómo si la representación de la Pasión de Cristo se tratara, en la escenificación de la batalla que echó a los chilenos fuera de los Andes, la gente llora, grita en apoyo al bando peruano, aplaude cuando un Cáceres entra marcial a todo galope. Llevan a hijos y nietos, viven con intensidad un drama de hace casi 130 años, sienten la historia con sentido de presente.
Tan presente, que cuando pregunto a los alcaldes y comuneros de Chupaca, Concepción y muchos pueblos de la región si su fiesta anual correspondía a la Independencia de España, todos respondían que no, era el día en que derrotaron a los chilenos en sangrientas batallas. Ripley demoró mas tiempo en entrar a Huancayo que en cualquier otra zona del Perú.
La Haya no cambiará mas que unas líneas en el mapa. La historia con sentido de futuro tiene al frente percepciones que costarán superar. “La Halla” no es aún fuerte.
VIÑAS DE IRA
La primera vez que supe de la Guerra con Chile fue con el relato de mi tía abuela,a los 5 años, maestra en las Haciendas Chiclin (Trujillo) y San Nicolás (Supe) , quien era una erudita en la expedición Lynch al norte. Durante meses de ilustración en el horror, me contó cómo destruyeron las haciendas azucareras adonde ella había vivido, la crueldad salvaje de los ocupantes con los indígenas, la traición de los peones chinos. Una sentencia suya se me quedó clavada en la mente: “querían destruir el Perú”.
Otra tia abuela me llevó a ver los restos de la casa de sus padres en Chorrillos, que yacía en escombros y cenizas, antes que el boom inmobiliario superara la historia construyendo un soberbio edificio encima del Club Regatas.
De niño jugaba en el Parque Reducto, a pocas cuadras de mi casa en Miraflores. En la tierra húmeda por la garúa encontrábamos casquillos de balas, pedazos de tela de los uniformes blancos de los peruanos y hasta uno que otro botón dorado que guardábamos como tesoros. Jugábamos a la guerra y ,a golpes, convencíamos a nuestro amigos y primos que ellos fueran el bando chileno.
Hijo de un exilado político, mi padre nunca quiso a Perón y era argentino de la Unión Civica Radical, razón por lo que el dictador le quitó la nacionalidad y lo deportó, otro deportado marcó mi vida de joven proyecto de peruano, era Don Manuel Suárez Vértiz. Era maestro de cientos de pintores peruanos y su legendaria academia sirvió al arte como pocas. Su Túpac Amaru ilustraba los billetes y una sala de Palacio de Gobierno en tiempos de Velazco Alvarado. Mientras mi padre despotricaba de las consecuencias de la dictadura de Perón, Suárez Vértiz narraba el dolor terrible de emigrar de Tarapacá al Perú. Era de esos valientes que optaron por el Perú para impedir que la ocupación chilena les matara el alma.
A los 5 años tenía ya mis primeras causas de militancia: el anti peronismo y el anti chilenismo.
EL GRAN VUELCO
Así crecimos, llenos de frustración e ira, con ismos que iban sumando explicaciones de los males y las crisis del Perú. Coartadas reforzadas por una educación (ver Enciclopedia Venciendo) que explicaba la derrota en 10 páginas y dedicaba 2 a las victorias de la Independencia.
Eramos indiferentes a cómo Chile financió la Expedición Libertadora al Perú en respaldo a San Martín. Expedición que llegó a Paracas en barcos de Chile, con vituallas  y soldados de ese país.
Tampoco los libros de Historia del Perú nos hablaban de Lord Cochrane, líder de la armada chilena, que dañó el poderío naval español con sus incursiones de locura, nocturnas y sorpresivas, entre El Callao y Paita. No ilustraban la presencia de militares y soldados chilenos en las batallas que expulsaron a los chapetones del Perú. Tampoco mencionaban la unidad de peruanos y chilenos en la defensa común contra el intento de restaurar las colonias con una invasión de España en 1856. El mensaje de la derrota del Imperio Inca y en la Guerra del Pacífico eran la historia pasada que nunca moriría. Como en el fútbol nuestros héroes nunca llegarían a un Mundial.
Hasta que llegó el terrorismo y nos sumió en una ola de violencia que casi acaba con el país. La indiferencia acabó cuando el atentado de Tarata hizo dar cuenta que la guerra también era contra la clase media y los ricos. Luego la clepto dictadura de Montesinos y Fujimori nos pusó en la lista de países indeseables del mundo, llegando a niveles de vergüenza que superaron al traidor Manuel Ignacio Prado, cuando en plena Guerra del Pacífico se fue a París.
Desde ese abismo del terrorismo y la cleptocracia, de largos años de coartadas de la historia, llegó el progreso cuando los peruanos decidimos triunfar como país imponiendo la democracia y encarcelando a los corruptos.
EL COLOR VERDE DEL PROGRESO
El progreso económico capitalista trajo la prosperidad, llena de desigualdades y concentraciones del poder, pero que dio billete y trabajo a los peruanos. La prosperidad es bien próspera: 13,500 millones de dólares de inversión Mapocha, 10,000 millones de inversión Inka. El verde argumento del progreso que, como decía una vieja limeña, “no sustituye al amor, pero sí que lo ayuda”.
Y con el progreso llegaron LAN (la de los mas infames refrigerios aéreos del mundo), Ripley (usureros sin bandera), Saga Fallabella (los reyes de los precios altos), evangelistas chilenos de un nuevo orden que la gente acepta, aunque,como yo, requintan. Y los peruanos del Grupo Brescia llegaron a Chile, dos meses antes del terremoto del 2009, compraron la principal cementera chilena, y se doblaron con el negocio de la reconstrucción. Fueron precedidos por decenas de restaurantes peruanos que han hecho engordar a los chilenos miles de kilos. La historia de éxitos económicos, el voto por la paz que implica el turismo común, la voluntad de progreso de ambos pueblos, han dado vuelta a la historia terrible que nos han enseñado.
“La Halla”, historia con sensación de presente, ha superado a “La Haya”, historia con sensación de pasado. Aunque zapateen los chilenos a ritmo, de cueca, los grandes pesqueros como Angellini y los del Sindicato de Pescadores de Arica, la paz con el Perú bien vale un cebiche. 

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