Hay que hacer obras, hay que mejorar radicalmente el nivel de vida de la gente, pero si la gente no está convencida de los beneficios, si no comparte una visión del desarrollo, nadie los convencerá de dejar su estilo de vida para volverse obreros o asociados de los inversionistas. Como no son tontos, rechazan ser accionistas categoría Z de los proyectos de inversión, no sólo quieren dinero, quieren integración, inclusión y participación equitativa de los beneficios.
RITMO CAMPESINO SIN SON DE CONGA
Vicente Zamudio está parado al costado de la carretera de Celendín a Cajamarca, vestido con su sombrero de ala ancha, deja dos porongos llenos de leche para el camión de la empresa Gloria. “Soy ganadero, a mi no me conviene la mina, yo tengo dos vaquitas y los domingos voy a la feria. Ni compro ni vendo pero me paseo con mi señora y miro los toritos, hablo con mis amigos, me entero de las novedades, compramos azúcar, sal, arroz y volvemos al pueblo”. Así mientras yo tiritaba a las 6 de la mañana, Vicente me regalaba la clave de su vida, era ganadero de dos vacas, pero esas vacas eran su llave de ingreso a la sociedad local. El estilo de vida como ganadero era todo para este hombre de campo. Era todo lo que tenía para sentirse parte del Perú
Mirando los inmensos cerros verdes, la intensa luz del sol andino que lo ilumina todo, ese amanecer de febrero 2012, comprendí lo profundo del conflicto que enfrentaba a la mina Conga con sus vecinos. Vicente vivía en una sociedad tradicional, adonde “ser alguien” era ser ganadero, pobre quizás, pero propietario de vacas, integrado por la venta de leche al capitalismo, pero en su ideología el agua era vida y la tierra su con con sus padre y abuelos, algo mas que dinero, mucho mas. En su mundo de valores las cosas no tenían sólo precio, tenían sentido para un estilo de vida que era el último refugio emocional para defenderse de la globalización, del ingreso violento del cambio, en un sociedad llena de equilibrios y certidumbres. En términos de la sociología empresarial era un “stakeholder”, un beneficiario que debía ser convencido que la minería era “su” futuro diferente.
Erre con erre, Zamudio insistía con una sonrisita bien cachosa “jodidos esos de Yanacocha, les importan las piedras y no los campesinos como nosotros”. Terribles y lapidarias palabras.
La marca Yanacocha estaba plenamente devaluada cuando,silenciando a los gallos una medianoche,Alan García firma, 24 horas antes de entregar el poder a Ollanta Humala, la autorización final de Conga. Devaluada la marca, sin confianza de los campesinos por los antecedentes de Choropampa (derrame de mercurio en el pueblo del mismo nombre) y Cerro Quilish (Yanacocha quizo hacer minería en un cerro igual al San Cristóbal de Lima, la gente no dejó que le cambiaran el paisaje) el proyecto recibió rechazo masivo de las poblaciones. Entre ellos estaba mi amigo Vicente Zamudio, ganadero de Celendín.
REBELION EVANGELICA
Algo que siempre me había intrigado, durante los muchos meses que seguí el conflicto Conga entre el 2011-2012, era la rebelión masiva contra Yanacocha de los evangélicos, que son por lo menos 60 mil fieles organizados en 1,460 iglesias en Cajamarca. Dialogando con varios pastores descubrí que 80% de ellos no pertenecía a las iglesias con sede en Lima. Son comunidades formadas por pastores campesinos, plenamente autónomas, organizadas en red con el Consejo de Pastores con sede en Cajamarca.
Las quejas usuales de los pastores de base eran que la mina, en el colmo del desdén, les había negado bancas y calaminas para sus iglesias.Hasta aquí la falta de regalos se entiende, porque una empresa no es una beneficiencia. Pero la ira santa tenía un motivo mas terrenal: 15 líderes de los evangélicos habían comprado camionetas para alquilar a la mina y Yanacocha había decidido cancelar los contratos, cuando ya se había pagado la cuota inicial de la compra de varias flotas.
Todos los días, fieles y pastores, habrían orado por el castigo divino a los que los habían quebrado a ellos y a decenas de pequeños ahorristas evangélicos que apoyaron el emprendimiento. No se si fue la ira divina o las 60 mil voluntades en contra, pero en cientos de pueblos ciertamente Dios no ayudó a los que se cruzaron, a la mala, en su camino.
LA CLAVE SOL DE LOS CONFLICTOS
Una empresa en Puno, en pleno territorio Aimara, contrató vendedores profesionales para que vendieran los beneficios de su proyecto. Recurrieron a las técnicas de venta directa de Natura, cuyo dueño peruano es uno de los hombres mas ricos del mundo. Entendieron que sociólogos y antropólogos no sabían vender beneficios y no proyectaban una adecuada estrategia de marketing.
Otra empresa europea, en Cuzco, en la cuenca del río Vilcanota, postula una hidroeléctica con rostro humano, Antes de construir nada han creado la Fundación Vilcanota, encargada de proyectos de desarrollo. Ofrece becas a hijos de los campesinos para que sean Ingenieros Eléctricos y trabajen en el sistema, propone proyectos de educación agricultura y salud. Han puesto los bueyes detrás de la carreta, haciendo inversión social participativa cómo único camino para afianzar el apoyo a su proyecto. El Frente de Defensa local es el único del país que pelea porque se haga la inversión y no porque se vayan los inversionistas.
Contra lo que dicen los diarios de la concentración de medios, adonde el proceso sería inverso, es en Tía María. Habrían realizado su Taller del Proyecto con 3,500 policías o sus familiares y su nuevo estudio de impacto ambiental parece ser un ejemplo de charro desprecio a la normativa vigente. Los protestantes contra Southern han contratado nada menos que a un ex ministro de ambiente para que revise todo el proyecto.
Si bien la línea de acción de una nueva minería, encontraba antes la férrea oposición de lo que el Presidente Humala ha denominado “minería tradicional”, ya son varios los tours de empresarios interesados en hacer acto de contrición, que visitan éstos y otros programas similares. Dicen los chismosos, que en el peregrinaje a Puno estuvo una cuarentena de funcionarios de Yanacocha, que se pegaron con piedras en el pecho cuando conocieron otra forma de hacer las cosas.
La clave sol de los conflictos está en generar un nuevo clima de confianza y negociación de intereses con las comunidades. El estado no es el agente de este proceso, sino los inversionistas y las comunidades, como lo indican todas las experiencias exitosas que se han realizado sin necesidad de agentes del gobierno. Sobre el proyecto de consenso construidos así, el estado debe traer soluciones de desarrollo.
Una ola de progreso recorre el Perú, la ola motiva a millones de peruanos pobres a establecer estrategias para luchar por su parte de la riqueza generada por la explotación minera y petrolera. Ese proceso es la primera gran ola de inclusión social que cambiará la faz del país. Y el tono en clave humana es la clave sol de todo este proceso.
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